Publica Tu Cuento: Tango


Nombre*:Daniel Giménez
Web Site (Opcional):
Género*:Romántico
Título*:Tango
Cuento*:"Tango"

Naciste en los arrabales,
de la vieja Buenos Aires.
Fuiste forma de expresión,
representas nuestra historia.
Sos poesía, sos canción,
al ritmo... del dos por cuatro.
Sos la cruda inspiración,
sos emoción... y pasión.
Sos la voz de mi Argentina,
que se bailó en las veredas.
En Madrid... también en Roma,
y por supuesto... en Las Vegas.
Que nace en el corazón,
adn que se hereda.
Si lo inspiraste a Borges, y te cantó un tal Gardel.
Fuiste sensual en Paris, embajador en el mundo.
Algún que otro firulete, pa' la percanta amurar.
Quien te escucha, quien te baila...
ya no te deja de amar.
Si hasta en el cielo se escuchan,
los acordes de algún tango,
como el  que canta Falcón,
lo acompaña el gordo Troilo...
y su triste bandoneón.
El "Polaco" y la "Gata", la inimitable Varela,
y  un "Garganta con arena"... entonado a capela.

Publica Tu Cuento: Flores

Nombre*:Mauro Gómez Casal
Web Site (Opcional):
Género*:Microrrelato
Título*:Flores
Cuento*:Las hay de todos colores, de todos los aromas, de todos los diseños.

Algunas, como los dientes de león, son poco pintorescas. Y uno, al acercarse y olerlas, descubre que su apariencia se corresponde con su fragancia.

También las hay muy engañosas y descaradas, pues ¿Quién no fue timado olfativamente por la vistosa belleza de una orquídea? Y, así mismo, ¿Quién podría afirmar que el aroma del laurel proviene de una florcita tan insípida?

Claro que las hay como los jazmines, cuya fragancia se condice con la delicadeza de sus pétalos blancos. Lástima que sean tan frágiles como para algunos descuidados, y su perfume, demasiado intenso para ciertos olfatos.

Existen algunos ejemplares muy sencillos y tímidos, como las nomeolvides, pero que resultan ser sumamente pegadizos. 

Pueden ser gregarias y no soportar la soledad, como los lupinos, o sumamente individualistas (y un poco tóxicas), como los girasoles.

Están aquellas, temerosas del mundo que, como las amapolas rojas, esconden sus sedosos y volátiles pétalos bajo un capullo áspero y espinoso. O por el contrario, al estilo de sus parientes californianas, sinceran su fragilidad tanto en la flor como en el capullo.

Después están las rosas, que esconden con arrogancia su belleza y perfume entre sus espinas; por lo que a veces hay que conformarse con la suave humildad de un tulipán.

En definitiva, cuando uno reflexiona tanto sobre flores y botánica, sobre su sinceridad o su falsedad, sobre sus debilidades y fortalezas, sobre si son comunitarias o solitarias, o sobre su vanidad y su modestia; termina dándose cuenta uno de que las flores, al fin y al cabo, son como las personas.

Y eso explica por qué hay tantos alérgicos al polen.
Términos y Condiciones*:Acepto los Términos y Condiciones

Publica Tu Cuento: La misma que mató al gato

Nombre*:Lumi Mayora
Web Site (Opcional):https://instagram.com/lumimayora
Género*:Microrrelato
Título*:La misma que mató al gato
Cuento*:La curiosidad no solo había matado al gato... ¡Era una tragedia! Cientos habían desaparecido siguiendo la luz; entraron para jamás salir. A pesar de las advertencias de no acercarse a ese lugar, las personas no resistían las preguntas: «¿Por qué alumbra así?, ¿qué hay en su interior?, ¿qué puede tener de peligroso un lugar tan encantador?, ¿será cierto lo que dicen...?».

Algunos del pueblo decían que esa cueva poseía un ambiente muy hostil para ser incursionado por humanos; otros decían que seguro la cueva era un nido de serpientes venenosas o había otros animales feroces, o que lo que había eran frutas mortíferas que los que entraban siempre erraban en probar; otros decían que la cueva los tragaba u otras cosas así... Pero ¿cómo era posible que ninguno pudiera regresar? Ni aun uno, ni aun mi amada.

La comisión de aterrorizados que nos aventuramos a rescatarlos, fuimos los seres querientes. Éramos cincuenta. Frente a la cueva: nuestras cabezas imaginaban infiernos, los ojos dudaban y las piernas temblaban con los pasos de acercamiento cuando, de pronto, dieciséis compañeros de la expedición retrocedieron casi en coreografía; «lo mejor para todos es que nosotros esperemos aquí en la entrada... Y así podremos avisar a los del pueblo y preparar al instante las medidas auxiliares, si ustedes llegan a tardar mucho en salir», dijeron con modulaciones cobardes. Los restantes emprendimos la entrada, dando cada pisada con las mismas reservas de un gato al descender al agua. Una vez dentro, nunca más regresamos... Los dieciséis que nos esperaban no volvieron a vernos.

Descubrimos que la curiosidad que mató al gato: fue la misma curiosidad que salvó y mejoró millones de vidas, con los descubrimientos e inventos que vinieron de ella.

Dentro de la cueva descubrimos que la curiosidad te permite encontrar las realidades más utópicas de la existencia; y que aquellos que no salieron de la cueva: nunca fue porque no pudieron...
Términos y Condiciones*:Acepto los Términos y Condiciones

Publica Tu Cuento: "Enamorado"

Nombre*:Daniel Giménez
Web Site (Opcional):
Género*:Romántico
Título*:"Enamorado"
Cuento*:Anoche niña, en el mismo instante que me preguntabas... ¿Cómo sabes que estás enamorado de mi?
Te decía... lo sé porque quiero compartir contigo... una canción, una flor robada de un jardín, tu poesía y mis garabatos, un suspiro, un te necesito, un sueño, una caricia, un beso, un te amo, un abrazo, un mensaje de texto, un café batido, una ducha, una caminata, un viaje sin destino, mi último cigarrillo, un me haces falta, un guiño de ojo, una sonrisa, un ¡tranquila vida!... todo va a estar bien... aferrados fuertemente de las manos, un te extraño, bailar un lento... de todos el más lento, una siesta en otoño, sentir tu cabeza en mi hombro, una llamada telefónica sin fin, un simple roce de labios, un bostezo, cinco minutos bajo un árbol contemplando la luna, mi mano bajo tu falda, un dulce susurro, un atardecer frente al azul sereno, una mirada que lo diga todo, hacer el amor en la cocina, un amanecer encadenados a las sábanas blancas de la pasión y el deseo, un silencio que grite te amo, algunas de las cosas que quien está enamorado desea realizar... experimentar cada día, compartiéndolo con la persona amada.
Si no lo hacen mi amor...
es seguramente porque sufren a diario esa impotencia de no poder superar la barrera de la distancia que los separa, que impide gritar, con los cinco sentidos lo que ellos sienten... por la persona amada, que en mi caso particular, eres tú... mi niña.
Pero esto, realizado a cada instante, en todo momento del día, no simplemente, cada 14 de febrero... porque la realidad indica que los días de los enamorados, son los trescientos sesenta y cinco días del año, y porque son estas pequeñas grandes cosas, las que alimentan y consolidan el amor...
el verdadero amor.
Por todo esto que en mi despiertas... simplemente mi niña,
es que ...
¡estoy enamorado de ti!.
Pero por sobre todas las cosas, inmensamente feliz de leer o escuchar
..." mira las cosas que me dices"... a pesar de la cruel distancia...
la puta distancia que hoy nos separa.

@mi_version_poeta
Términos y Condiciones*:Acepto los Términos y Condiciones



Publica Tu Cuento: MALA SUERTE

Nombre*:Leonardo Méndez
Web Site (Opcional):https://www.instagram.com/leonardomendezguzman/
Género*:Suspenso
Título*:MALA SUERTE
Cuento*:Un cigarrillo entre mis dedos, la pálida luz de los faros de un poste de alumbrado, ni un solo perro callejero en la calle. Silencio total. La esquina oscura y el aire frío me hacían sentir como salido de una película de criminales y detectives. Pero no, esta no era una historia violenta ¿O tal vez sí? Después de todo el amor te hace respirar fuego y escupir sangre. Te embota el cerebro más que cualquier droga y te va matando poco a poco.

¿Media noche? Ni idea, no tenía reloj y ni un solo céntimo en los bolsillos. La cajetilla Hamilton en el bolsillo de la camisa era mi más preciado tesoro y los degustaba los cigarros uno a uno lentamente, sintiendo el placentero dolor de cabeza y disfrutando observar cómo el humo desaparecía en el aire formando espirales.

¿Qué hacía? Esperar. Como siempre. Di un paso para bajar de la acera, otro para posicionarme sobre la línea blanca de la carretera, un tercero para pasar delante de esta. Cuando me percaté, estaba en medio de la autopista otra vez, sobre la línea amarilla, esperando a algún camionero somnoliento, alguno que otro borracho, o simplemente algún desquiciado que quisiera pintar de rojo el concreto por pura diversión.