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Publica Tu Cuento: Una marca del pasado

Nombre*:María Celeste Regali
Web Site (Opcional):
Género*:Drama
Título*:Una marca del pasado
Cuento*:Laura respondió a su saludo y acto seguido se le escapó una sonrisa. No pudo evitar hacerlo, en su esencia estaba inscripto el sello de la cortesía. Cuando Manuel colocó un pie fuera de su oficina se reprochó a sí misma su actitud gentil, incluso se cuestionó por un breve instante si aquel pensaría mal de ella. Es que eso aprendió en su familia: frente a un hombre había que ser sutil, ni demasiado extrovertida ni demasiado introvertida.
Se dirigió a su asiento y revisaba los mails en su computadora sin leerlos. Las imágenes del pasado habían regresado para apoderarse de su tranquilidad.
Se preguntaba una y otra vez "¿por qué lo saludé? él no se lo merece". A modo de consuelo se respondía "Bueno, en la vida hay que ser educada".
Desde el momento en que lo vio, no podía concentrarse en su trabajo. Aunque sabía que él tenía su puesto en el piso de abajo, el solo hecho de que entrara en su oficina logró perturbarla por completo.
—Son cosas de adolescentes —había argumentado la psicóloga de la escuela cuando Laura le contó que Manuel, su compañero de aula, se burlaba durante las clases y no la dejaba hablar, llamándola por su apellido en tono burlón.
Ella se dio cuenta de que por ese entonces su voz había comenzado a apagarse.
—Tienes que animarte y decirle a tu jefe que no acuerdas con eso —le aconsejaba su amiga que la acompañaba desde los veinte años.
"¡Cuánta razón, pero ¡qué difícil cuando durante tanto tiempo aprendí a callar!" pensaba ante la sugerencia de su confidente.
Con treinta y tantos años, sus proyecciones eran otras; pero en el preciso instante en que Manuel abrió esa puerta, es como si hubiera viajado en un túnel del tiempo hacia su pubertad. Cuántas heridas que creyó cicatrizadas, no lo estaban, o al menos se abrieron en ese momento otra vez.
Con fuerza se instalaban en su cabeza imágenes de aquel día que había preferido dejar en el olvido.
No lograba recordar si eran dos o tres los bravucones que acompañaban a Manuel; tendrían más o menos la misma edad: adolescentes de entre doce y trece años.
Su expresión triunfal diciéndole que le repitiera en sus narices los insultos que ella profirió era la imagen que se proyectaba como una película frente a sus ojos.
Laura hubiera elegido no hacerlo. Pero le fue imposible no responder a sus burlas, que luego de mucho tiempo se habían fusionado con la cotidianeidad.
Ese día, ella solo quería dar un paseo y él se había reído de ella, enfatizando lo de siempre: que era una tonta niña.
El insulto hacia su virilidad fue lo que provocó su retorno. Era evidente que, si ella no le respondía, él continuaba manejando su bicicleta. Pero el miedo a perder la pulseada fue el motor de la decisión de Manuel.
Aprovechándose del terrible miedo de aquella indefensa púber, le insistía en que repitiera lo que dijo, que se animara a hacerlo frente a él y los otros que la habían encerrado con sus bicicletas.
Laura recordaba como se resistía a pedirle disculpas, a pesar del terrible miedo que la invadía y paralizaba sus piernas. Esas piernas que se preparaban para una huida que estaba obstruida por aquellos que creían ser hombres defendiendo su honor.
Ella no quería darle la razón, con fuerza abrazó sus lágrimas para que no caigan frente a ellos.
Luego de un tiempo de amenazas y gritos, uno se descuidó liberando un pequeño espacio. Se escurrió por allí y no intentaron perseguirla.
La dejaron ir, pero seguían gritándole y burlándose de ella.
Laura no pudo evitar que algunas lágrimas cayeran, recordando que ese día de 1999 al regresar a su hogar, se entregó a su cama y abrazó fuerte a su peluche. En aquel momento, inundada en un agónico llanto, no podía dejar de repetirse que eso era lo que merecía; y que, en definitiva, Manuel tenía razón: ella era una niña tonta.
Su mente retornó al presente y secó sus lágrimas por sí alguien ingresaba en su oficina.
Actuó guiada por un impulso invisible y buscó en las redes sociales a su vieja maestra, aquella que profirió un desatinado comentario en defensa de aquel.
Mientras recorría su perfil, observaba sus fotos con detenimiento. A pesar de los años, conservaba su inmutable expresión. La misma que usó cuando reprendió su conducta de haber insultado al buen alumno de su clase de Literatura: impecable por doquier, incluso indigno de recibir un insulto y encima de ese tenor. Aquel ataque a su virilidad era un agravio imperdonable.
—Laura, ¿cómo pretendes que Manuel no se haya enojado? Si tú, lo insultaste —sentenció—. Él no te iba a pegar, solo quiso asustarte, pero tu insulto provocó su reacción.
—Pero…, profe Ernestina, él me tiene cansada con sus burlas e insultos. Yo siempre pido ayuda y, ustedes, no hacen nada.
—Ay, Laura querida, cuándo entenderás que lo que hiciste estuvo mal. No le hagas caso, ignóralo, haz de cuenta que es una mosca. Con eso se soluciona, pero una mujer no puede tener esa boca sucia.
Ella recordaba con indignación el diálogo sostenido con Ernestina, cuando le había contado lo sucedido el fin de semana, con la esperanza de encontrar algún oído que retuviera sus palabras, las elaborara y se dispusiera a ayudarla.
Más no fue diferente la respuesta que le dio la directora e incluso la psicóloga del colegio, que ratificaron los dichos de Ernestina, enfatizando en la mala decisión de haberlo insultado, provocando la furia de un "buen chico, impecable y de buena familia".
Luego de un lapso de tiempo, cayó en la cuenta que de nada serviría seguir con esas elucubraciones.
Tomó coraje y descendió de piso. Cuando iba acercándose a la oficina de Manuel, éste salió antes de que ella llegara. Pero en ese momento, solo se limitó a saludarlo secamente y se retiró.
Se percató de que no tendría sentido proferir palabras que para él estarían vacías. Al fin de cuentas, seguía siendo el mismo bravucón de la adolescencia, solo que ahora sus conductas eran un poco más sutiles: en vez de encerrar con su bicicleta, encerraba con sus discursos de poder a su esposa, hijas y compañeras de trabajo.
Fue por eso que Laura tomó una decisión. Cuando la jornada laboral llegó a su fin, volvió a su casa. Abrazó fuerte a su esposo e hijo, recordando que no todos los hombres eran como Manuel; y que tanto ella como su marido tenían la importante misión de enseñarle a su pequeño niño el valor del respeto hacia las mujeres.
Encendió la computadora portátil y plasmó letra por letra, palabra por palabra y contó esta historia.
Cuando colocó el punto final, una sonrisa de satisfacción cubrió su rostro. Tomó su móvil y le envió este relato a su psicóloga. Había encontrado el medio de sanación para sus heridas y la forma de alzar su acallada voz: la escritura.
Fue ahí que decidió que este escrito tomara vuelo y abrace a cada mujer que haya transitado por una situación similar, enfatizando en la importancia de pedir ayuda y bajo ningún concepto naturalizar y/o justificar la violencia.
Términos y Condiciones*:Acepto los Términos y Condiciones


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Publica Tu Cuento: El amor sana

Nombre*:Magui Recimil
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Género*:Romántico
Título*:El amor sana
Cuento*:Blanca despertó en la cama de un hospital luego de haber estado dos meses en coma debido a un terrible accidente automovilístico. Su cuerpo se encontraba conectado a una serie de dispositivos. Se sentía agobiada y su cabeza era como un papel en blanco pues sus recuerdos habían escapado.
Simón permanecía a su lado día y noche, y aunque la joven no lo recordaba, él guardaba la esperanza de que un milagro ocurriese.
Una mañana de primavera, y ya habiendo sido dada de alta, la invitó a dar un paseo por la ciudad. Caminaron hasta cansarse, recorrieron cada centímetro de ese lugar en el que se habían enamorado.
La magia de aquel sitio los invadió y de manera repentina sucedió lo que tanto habían deseado: los recuerdos comenzaron a alojarse nuevamente en la cabeza de Blanca sin explicación alguna.
— ¡Simón, me acuerdo! Estoy acordándome de todo, yo…
— ¡No puedo creerlo! Ni te imaginas lo feliz que me siento —la interrumpió sorprendido y emocionado al mismo tiempo—. Los médicos dijeron que…
—Sé lo que ha sucedido, entiendo por qué comencé a recordar.
— ¿Por qué? —preguntó sosteniéndole la mirada con dulzura.
—Porque cuando el amor es verdadero el corazón nunca olvida. El amor sana —respondió mientras lo tomaba de la mano para jamás soltarlo.

Publica Tu Cuento: Soledad no es sólo un nombre

Nombre*:b_sidereflexions
Web Site (Opcional):www.instagram.com/b_sidereflexions
Género*:Microrrelato
Título*:Soledad no es sólo un nombre
Cuento*:Llegó a casa. Cansado. Había sido un día duro. Mucho trabajo, problemas que surgieron por todos lados. No fue un viernes más. Al contrario, toda la calma que esperaba encontrar y resolver pendientes del trabajo, ni asomaron. Furioso viernes que se empecinó en complicarse más y más.

Por fin…hora de salida. Desconexión hasta el lunes…y planificar el fin de semana. Tenemos tanto por hacer, pensó en voz alta. Así que tomó sus cosas, se quitó la ropa de trabajo, se cambió con su camiseta negra y roja, tomando dirección rumbo al parking... Subió a su coche, automáticamente saltó la música. Siempre la música preparada para salir al encender el coche. Esta vez sonó Neil Young.

Respondió un par de mensajes y se vio escribiéndole a ella el mensaje de siempre..."ya voy, estoy saliendo…" Se le ocurrió que sería bueno sorprenderla con un vino. Y por qué no también, con la cena. No era la primera vez que lo hacía. Muchas veces, cuando regresaba cansado, la sorprendía con cena y vino.

Él sabía mimarla. De esa manera, estaba seguro de que ella no se marcharía. Si bien él pasaba mucho tiempo fuera de casa, (cuestiones del trabajo decía...y así era...), ella lo esperaba siempre para recibirlo y darle aire. Llegó a su casa.

El Syrah no falla -pensó-. Cena caliente, un buen vino...un buen plan de viernes noche... Sonó el clack de la cerradura. Entró en el silencio de su casa. Encendió las luces. El ambiente del hogar tranquilo. Puso la mesa para uno, que él bien sabe que vale para dos. Buscó una copa, que siempre se hacía doble.

Abrió el vino, sirviéndose en silencio la copa, que quedó por la mitad, medio vacía, medio llena. Se sentó a la mesa, en su lugar de siempre, frente a ella.

Ella es el aire que ocupa la silla que lo enfrenta. Es el silencio que le escucha. Ella no está, pero lo acompaña siempre.

Ella le oye y no le responde, pero le comprende. Ella decidió quedarse a acompañarlo porque él la eligió. Él tomó la copa...dio un sorbo al vino tinto...la miró al aire de sus ojos y le dijo...hoy no ha sido un buen día en el trabajo Soledad....

Publica Tu Cuento: PREMONICIÓN

Nombre*:LUZ MARINA MENDEZ CARRILLO
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Género*:Fantástio
Título*:PREMONICIÓN
Cuento*:Un traje blanco bordado de flores y diademas que se ajustaba a su cuerpo regordete, y un velo traslúcido que cubría su rostro, extendiéndose espalda abajo, hasta alcanzar los blancos abedules, la asemejaban a una novia feliz. Su tez blanca, hermosa sonrisa y larga cabellera trenzada, hacían juego a la perfección.

Con tranquilidad pasmosa y ante la inquietud de la pupila, se metió en un ataúd color caoba. Quise detenerla, y sin lograrlo, bajó la tapa obstruyendo el alcance de las miradas.

El tic tac del reloj repicaba al vaivén de mi blanca túnica, anticipándose al paso lento y agónico del rey Cronos. De mis blancas manos deslizaban gotas frías. No era la primera vez, que una esfera celeste en el sendero onírico, me permitía ver más allá de las blancas estrellas.

Serví un café, acercando la taza cristalina a la ventana, queriendo borrar, quizás, aquella imagen que se había tatuado en lo profundo de mi existencia. Deambuló mi mente por extraños parajes, queriendo dar forma y sentido a esos sucesos inquietantes que solo yo podía conocer.

Subiendo las escalinatas, pude ver cómodamente sentado en su sillón, al jefe, hojeando el periódico y sus sangrientas noticias. Lector insaciable de literatura universal e historia contemporánea.

Al tocar la puerta de vidrio cincelado, un sudor frío me sacudió con una intensidad enfermiza. La veo sentada con el auricular en el oído. Sonríe, agita entre los dedos su lápiz labial. Nos saludamos con una sonrisa. El día trascurre en relativa calma. Al atardecer, caminamos juntas en el parque. Hablamos de cosas, de mujeres, de hombres y de amores. ¡Y dentro de mí, el infierno aquel!

Publica Tu Cuento: la tortuga voladora

Nombre*:sofia lopez rojas
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Género*:Fantástio
Título*:la tortuga voladora
Cuento*:
Hace mucho tiempo una tortuga que le gustaba soñar que ella lograba volar, pero cada vez que lo intentaba se caía y siempre le decían que es una "loca" y que si ella no sabe "que una tortuga no puede volar". Ella los ignoraba y seguía intentando yo una vez la vi intentando me le acerque y le pegunte porque estás intentando volar ella me respondió quiero saber que se sienten los pájaros en el cielo cuando están volando yo la mire y le dije que si le podía ayudar ella me respondió que "si" yo le empecé a ayudar, pero nada función yo me despedí y ella siguió trabajando esa noche casi no pude dormir. Pensado que estaría haciendo la tortuga.
Al día siguiente fui a ver que estaba haciendo la encontré dormida en el parque la desperté y le pregunte ¿Qué estás haciendo aquí? Ella me respondió que se había que dado hasta muy tarde para cumplir su sueño, pero que leído mucho sueño y sé que dormido. Pero que se puso volver a intentar volar yo me fui y ella sé que do

Intentando cada vez que pasaba oía que los otros animales se burlaban de ella yo le pregunte qué porque se burlaban de ella. Todos me respondieron que era porque ella intentaba volar, todos me respondieron igual.

Yo fui hablar con ella, pero no la encontré la busqué, pero no la encontré al siguiente día la volví a buscar y no la encontré seguí buscándola por día, meses y no la encontré, pero si me encontré con una jirafa que le gustaba ver admirar su computadora decía que se podía buscar cuál quiere cosa yo le pregunte que si la podía utilizar para buscar a mi amiga tortuga ella me respondió que si me puse a ver que si había una noticia de ella, pero la no se acercó la jirafa y me pregunto qué porque estaba buscando a esa tortuga yo le conté la historia de mi amiga la tortuga que soñaba volar ella después de escucharme me pregunto que como era ella.