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Publica Tu Cuento: Temporada de vendimia

Nombre*:Rafa Torres
Web Site (Opcional):
Género*:Fantástio
Título*:Temporada de vendimia
Cuento*:
Ocurrió un viernes. Cincuenta Infraterios se desplazaban en fila, lentamente en aquel conocido y popular recorrido que hacían todas las tardes por la avenida principal. Arrastraban con mucha parsimonia su caparazón semejante a la de un armadillo. Nunca volteaban a mirar nada, siempre llevaban sus ceremoniosas caras de pez como meditando en eterna oración. Un vendedor ya los esperaba en la esquina de Reforma y La Marina. Cuando ellos se acercaron les ofreció sus productos: cadenas de Arghobium envueltos en pequeñas bolsas de aluminio. Dichas cadenas estaban formadas por esos minúsculos bichos parecidos a los insectos, Con sus antenas fijaban el argón en aquella especie de sangre que recorría el cuerpo de los Infraterios, eso provocaba que por largos minutos se transformaran en una especie de videntes.

Claro que de momento ninguno de ellos reparó en la presencia de Demetrio, que así se llamaba el vendedor, a gritos les ofreció una de aquellas bolsitas que acababa de abrir. Un sabroso olor se desprendió de aquel producto. Cuando se detuvieron, un Infraterio, sin voltear estiro su extremidad cubierta de membranas. Demetrio puso en ella una de sus cadenas y, aquel ni tardo ni perezoso en seguida procedió aspirarlo por aquella boca. Mientras que el resto, de puro antojo comenzaron a echar una especie de espuma anaranjada por las comisuras de sus bocazas, pero sin atreverse a hacer ningún movimiento. <<¿Cuánto?>> dijo el que había probado el bocadillo mientras sacaba su bolso. Demetrio observó lo abultado de aquella cartera y le contestó sin reparo que a veinte pesos la bolsita. El Infraterio mirándolo inquisitivamente, movió al fin uno de sus ojos frunciendo el ceño y le repitió la pregunta: <<¿Cuánto?>>

<<Está bien, está bien, hagamos negocio, te los voy a vender a cinco pesos>> dijo, pero lo condiciono a que le diera una respuesta a su duda; si había la posibilidad de que su esposa regresara a su lado.

Hacía como un mes, Demetrio había trabajado una semana completa sin poner un pie en casa en la cosecha de sus Arghobium, y lo que más deseaba era un buen baño, una comida decente y su esposa en la cama, en ese orden. A veces se preguntaba si merecía la pena tanto trabajo, necesitaba saberse parte de algo, de ese mundo en el que en ocasiones se sentía muy solitario. Recordó ese día, Demetrio había cruzado el río y había llegado a las orillas del barrio. Rodeó la casa de su compadre que estaba frente a la suya. Había visto a su comadre con una tina en el patio, llenando de sábanas y mantas blancas los tendederos. Ella alzó su brazo y él a una mano bajó su gorra de enfrente sonriéndole y pensó en lo hacendosa que estaría también su esposa. Le daría un abrazo, con ese olor a quehacer doméstico y a hembra fresca. Le diría lo mucho que la extrañaba y le prometería que no la dejaría sola tanto tiempo. En eso, vio a su comadre que resbalaba con uno de los mecates enredados en el cuello. Sin pensarlo, saltó la pequeña barda y corrió a auxiliarla, habían transcurrido escasos 3 minutos, le quitó el lazo y comenzó a soplarle en la boca. En ese momento su esposa se asomó con una olla en la mano, desde ahí alcanzó a ver a su marido besando a la mujer, se acercó hasta el lugar. La comadre se recuperaba lentamente, pero ella sacando fuego de los ojos, le aventó el traste a Demetrio dejándolo en una pieza sin darle tiempo a una explicación.

Por eso le había preguntado a aquel Infraterio si su mujer regresaría… Aquellos seres ya se habían hecho de la mayoría de las bolsitas. Demetrio no quería esperar, quería una respuesta, pero por el silencio dedujo que los Infraterios se encontraban en trance bajo el influjo de aquellos bichos. Apretó los puños y una lágrima le calentó la mejilla, abrió con los dientes un par de bolsas, entre gemidos y llanto se tragó el contenido. Poco tiempo después cincuenta y un Infraterios caminaban tranquilamente en aquella marcha vespertina tan conocida por todos.
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