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Publica Tu Cuento: Sangrienta bienvenida

Nombre*:Ana María Zambrano González
Web Site (Opcional):https://www.instagram.com/anamariazambranogonzalez/
Género*:Suspenso
Título*:Sangrienta bienvenida
Cuento*:
Me acababa de mudar al vecindario. No conocía del todo la zona, pero mi casa estaba cerca de todas las comodidades básicas: transporte, tiendas, farmacias. Gasté cada centavo de mis ahorros en la nueva casa pero había valido en serio la pena ante la tranquilidad que se respiraba… o eso pensé hasta esa noche.
Llegué tarde de mi trabajo, el frío comenzaba a calar y maldecía una y otra vez el por qué me puse el suéter más ligero en lugar del suéter de lana. ¡Maldita fuera la chica del tiempo!
Nada más quería llegar a mi casa, prepararme una bebida caliente y recalentar los restos de la carne asada que hice el fin de semana. Pero mis pasos se detuvieron por culpa de un niño que lloraba a mitad del camino. Miré alrededor, pero no había nadie en el parque, mucho menos niños jugando, ¿dónde rayos estaban sus padres?
—Niño, ¿estás bien? —el pequeño me miró con grandes ojos llenos de lágrimas—. ¿Te pasa algo? ¿Dónde están tus padres?
—M-M-Mis papás…
—¿Te perdiste? —asintió bajando la cabeza. Faltaba más… se arrodilló para quedar a su altura y que el niño no se sintiese intimidado. Agradeció no tener que darle su suéter ya que el niño se veía mejor abrigado que ella.
—Vale, vale, no te apures. Esta hermana te va a ayudar a buscar a tus padres. ¿Cómo se llaman tus papás?
—N-No sé… —el niño debía tener unos cinco años, de seguro sólo sabía de sus padres como mamá y papá.
—Bueno… ¿sabes si los llaman por un apodo? ¿Un nombre que les digan?
—Mi mami es la jefa… mi papi es el decuatizador.
—… ¿Perdón? —pensé escuchar mal. ¿Había dicho descuartizador o desguazado?—. Cariño, ¿en qué trabaja tu papi? —el niño parecía más calmado al ver que de verdad quería ayudarlo.
—Papi corta muetos con su cuchillo. Cuelga en gancho, depelleja y corta en pedacitos. Y mami le dice qué tiene que cortar.
—Ah… —mi mente se había quedado en blanco por unos momentos, de seguro mi expresión era la de una idiota pero… ¡QUÉ MIERDA! La imagen que vino a mi mente fue una imagen de pesadilla. Un hombre colgando un cadáver en un gancho, con una serie de afilados cuchillos sobre una mesa y listo para despellejar a la víctima, sin importar si estuviera viva o muerta.
Tenía que ser un malentendido.

«Tranquila, no pienses mal. Pregúntale dónde vive, seguro debe saberlo, todo padre hace que sus niños aprendan sus direcciones»

—B-Bueno pequeño ¿sabes dónde vives? ¿Tu dirección? —el pequeño asintió lo que significó un alivio significativo. Y si bien no conocía todas las calles, al menos tenía google maps para ubicarse—. Bien, ¿cuál es el nombre de tu calle y número?
—Infieno 666.
Fue como una piedra en el estómago.
—¿Cómo?
—¡Infieno 666! —repitió el niño fuerte, de repente su expresión cambió y sonrió ampliamente—. ¡Papi!
A su nariz llegó un penetrante aroma que le revolvió el estómago que no supo identificar al momento. Poco a poco volvió su cabeza sólo para contemplar una visión sacada de sus peores pesadillas. Un hombre grande, con un delantal de cuero blanco cubierto de sangre le miraba con unos penetrantes ojos oscuros que helaron su alma, y en su gran mano sostenía un enorme cuchillo de carnicero del cual pudo notar las gotas de sangre caer al suelo.
No supo qué pasó, ni siquiera sintió en qué momento su cuerpo cayó, pero todo se oscureció al tiempo que escuchaba el grito de una mujer a lo lejos…

Bien, recapitulemos. Definitivamente no servía como sobreviviente en una película de terror. No sabía si llorar o reírse, así que hizo ambas cosas mientras "la jefa" le contaba lo sucedido.
—De verdad lo sentimos mucho. Cuando nuestro hijo desapareció me asusté mucho y llamé a mi esposo a la carnecería.
—Así que usted y su esposo son los dueños de la carnicería de la zona…
—Eso mismo. Yo administro y mi marido atiende y trata la carne. Cuando le llamé mi esposo se asustó tanto que salió corriendo a nuestro hijo olvidándose que tenía puesto el delantal y el cuchillo en mano.
—No pues… se entiende dado el caso.

«Qué milagro que nadie llamara a la policía»

La situación era de lo más ridícula y a la vez comprensible. Los padres del niño eran los dueños de la carnicería y su dirección era Infierno de Dante número 666, todas las calles de la zona tenían nombres de títulos literarios. Es decir, ella vivía en Romeo y Julieta 532.
Tomó unos sorbos del té que le ofrecieron para calmar sus nervios, pensando que al menos el pequeño se encontraba ahora a salvo en su casa, cuando sintió la pesada mano del carnicero posarse sobre su hombro.
—No sabe cómo le agradecemos que haya encontrado a nuestro hijo —habló con voz gruesa y arrastrada—. Como recompensa y regalo de bienvenida al vecindario le puedo regalar unos buenos pedazos de carne.

«¿Animal o humana»

La pregunta fue tentadora pero valoraba su cuello. Tragó el té a duras penas y musitó un gracias muy quedo al mismo tiempo que pensaba si debía volverse vegetariana o no, después de todo, no le diría que no a unos buenos bistecs.

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