Publica Tu Cuento: El hombre entre las sombras

Nombre*:Lorena Ferrer
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Género*:Suspenso
Título*:El hombre entre las sombras
Cuento*:
El hombre entre las sombras

Era una noche gélida y oscura, me encontraba en mi habitación leyendo un poco antes de dormir, en efecto me quede profundamente dormida, pues había sido un día agotador.
En la lóbrega madrugada me desperté súbitamente. La percepción de la mirada que detecta nuestro cerebro es sorprendente, pues sentía una presencia, sentía que alguien me estaba observando y estaba aterrorizada, no podía moverme, ni hablar y a pesar de estar deliberadamente despierta, quedé paralizada. En ese momento, se despertó un sexto sentido en mí, la forma más fácil de explicar y que probablemente no me creerían, es que pude ver sin abrir los ojos, es lo que llaman clarividencia, creo, pero lo vi y ahí estaba; era un hombre vestido con un traje negro, tenía una figura esbelta y espigada, pero elegante y portaba un sombrero negro que le daba cierto aspecto misterioso. No pude distinguir su cara, pues aquel hombre estaba inmerso entre las sombras, solamente visualicé su silueta. Con gran esfuerzo y titubeando logré preguntar: ¿Quién eres?, pero el hombre no respondió y simplemente se desvaneció en la oscuridad.
En cuanto desapareció, me volvió el alma al cuerpo, pude moverme y abrir los ojos, pero todo estaba exactamente igual que antes de dormirme, no se movió nada de lugar, la mesa de noche, el escritorio, la ventana cerrada, al igual que las puertas del Vestier, todo tal cual, no había rastro de que alguien hubiese estado allí, lo que me generó cierto desconcierto e inquietud… Pensé y … ¿Qué tal si fue solo un sueño? ¿seria producto del cansancio? ¿mi cerebro me jugó una mala pasada? … Intenté volver a dormir, pero me resultaba imposible, puesto que seguía dando vueltas en mi cabeza la imagen intimidante y espantosa de aquel hombre.
Cuando amaneció, intenté continuar con mi rutina diaria y tratar de no pensar en lo ocurrido anoche. No obstante, me resultaba muy difícil, pues cosas extrañas siguieron pasando aquella mañana. Escuchaba voces como parafraseo o mi nombre, cuando iba por la calle veía a lo lejos una silueta igual a la de ese hombre, además tenía la sensación de que alguien me estaba siguiendo, mi intuición me decía que ese hombre quería algo y no precisamente algo bueno, pensaba que tal vez era de otro plano astral y que quería comunicarse conmigo, aunque como de costumbre prefería ignorarlo todo. Me parecía algo quimérico, pues siempre había sido escéptica respecto a estos temas, optaba por pensar que me estaba volviendo loca, tal vez por el estrés laboral o por leer tantos libros o quizá por ver mucha televisión, me inclinaba por pensar en cualquier otra cosa con tal de, ni siquiera contemplar la más mínima y remota posibilidad, que existiera un mundo paranormal.
Cayó la noche, igual que la anterior me quedé profundamente dormida con la diferencia de que esta vez no me desperté por sentir a alguien, sino que me despertó una respiración muy cerca de mí. Esta vez logré abrir los ojos y estaba ese hombre nuevamente, parado en la puerta de mi habitación, esta vez sentí cólera en vez de miedo, así que le grité ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? ¿por qué viniste? ¿Qué haces aquí? ¡Déjame en paz!
El hombre en lugar de alejarse por mis gritos, comenzó a acercarse, curiosamente no se le veía caminar, simplemente lo veía más y más cerca, tenía una postura relajada, más bien irónica, con las manos en los bolsillos, sonreía, se burlaba de mí y de la desesperación que tenía por querer que se fuera. Su presencia era tan imponente que hizo que mi ira se desvaneciera y rápidamente se convirtiera en un temor incontrolable, cuanto más se acercaba más vulnerable e impotente me sentía por no poder hacer nada frente a él, ni si quiera saber qué era lo que quería ese sujeto y lo que más miedo me causaba era que ese individuo no dejaba de mirarme y reírse. A medida que él estaba más cerca, se sentía un helaje que me recorría el cuerpo de pies a cabeza, un escalofrío espantoso, cada vez más y más frio, no sé si fue del temor que me imponía aquel hombre o por el frio atroz de la noche invernal. De pronto, llegó un punto en el que ese sujeto dejó de acercarse y de repente se quedó en silencio, estaba tan cerca que por fin pude ver su rostro, sus ojos era amarillos relucientes como el bronce y de intenso mirar, su piel tersa y delicada como la blanca porcelana, a pesar de que vislumbraba una cicatriz que más bien parecía la marca de una lucha antigua, como si una garra le hubiese dejado tal marca, pero aun así su rostro me envolvía de manera que era imposible no mirarle con tal embrujo; así que, sin apartar su escalofriante mirada y viéndome directamente a los ojos, mientras, sin tocarme, es decir, con su maléfica energía, atraía mi cuerpo hacia él, me dijo: "Agatha, tienes tres días" y acto seguido se desvaneció emanando una neblina extraña que lo abrazaba rápidamente hacia la oscuridad. Sus palabras me generaron cierto asombro, pero su voz áspera y gruesa era la que le daba el toque siniestro a su frase y era lo que me generaba más temor.
A la mañana siguiente, sin haber podido pegar el ojo en toda la noche, pues me daba vueltas la cabeza pensando en las palabras que me dijo y tenia muchas preguntas… ¿Cómo es que sabe mi nombre? ¿tengo tres días para qué? ¿Qué pasa en tres días? ¿por qué tres días? ¿Qué será lo que está pasando? ¿esto es un aviso, advertencia o amenaza, y si es así de qué se trata? Necesitaba ver a ese hombre de nuevo y poder enfrentarlo, poder hablarle y si era necesario pelear con todas mis fuerzas hasta encontrar la verdadera razón de su visita o y de por qué dijo lo que dijo, así que me puse a investigar, leer y preguntar a personas eruditas en el tema paranormal, fue como una especie de preparación para su próxima visita, que asumía yo debía ser en tres días porque se cumplía el tiempo que me dijo.
Pasaron los días y llego el tan esperado momento, la noche del tercer día. Estaba tan inmersa en la situación que utilice protección, ya saben, circulo de sal, piedras energéticas, velas, hierbas, etc., todo lo que me ayudara a juntar el valor para poder enfrentar a ese tipo. Estaba sentada en dentro del circulo de sal con toda mi protección, pero me sentía tan agotada, tenía cansancio acumulado de estos últimos días, que me quedé dormida en el centro del circulo, sin darme cuenta de en qué momento sucedió. Fue entonces cuando llego el hombre de las sombras, me despertó con su áspera voz:
- ¡Agatha! ¡se ha acabado el tiempo!
La protección que tenía al parecer funcionaba, pues no sentía tanto temor como antes y logré hablarle.
- ¿Tiempo para qué? Le dije.
- Tiempo para vivir. Gritó.
- ¿Vivir? ¿Quieres decir que voy a morir?
- Quiero decir que tu vida aquí se termina. Vas a venir conmigo ahora, a vivir otra vida entre las sombras.
- ¡No! Me gusta mi vida aquí, no deseo ir contigo.
- No tienes elección, tu alma me pertenece desde que llegaste a este mundo.
- ¿Qué? ¿puedes explicármelo?
- No, ni siquiera tienes derecho a una explicación. Lo único que puedo decir es que tu alma fue vendida, me perteneces y vendrás conmigo quieras o no.
El hombre me arrastró con tal fuerza que me fue imposible defenderme, aun con la protección que tenía y que ilusa de mí que pensé que funcionaría un poco mejor. Tal vez tenía razón y yo simplemente le pertenecía y no podía hacer nada en contra de esto.
Finalmente, y en un abrir y cerrar de ojos, llegamos al mundo de las sombras, era todo exactamente igual que en mi mundo, con la diferencia de que todo era gris, triste y frío, con un toque algo espeluznante para mi gusto. El hombre me llevaba amarrada junto a él, no caminábamos, pero avanzábamos hasta que llegamos a una casa, era igual a la mía, la habitación también era igual a la mía, pero como dije antes todo sin color, sin vida, en completa oscuridad, parecía de esos dibujos animados en blanco y negro algo siniestros.
Cuando entramos en la casa, me llevo a mi habitación y se dirigió a mí con tal entusiasmo que antes no había visto, estaba al parecer contento con tenerme, me dijo que había esperado mucho tiempo para tener una propia, no sé exactamente a qué se refería, si a una esclava, mujer, alma, vida o qué cosa. Me dijo también que debía aprender a vivir mi nueva vida y que después de mucho tiempo podría tener la mía propia, seguía sin entender de qué estaba hablando.
- Agatha, serás la mujer de las sombras. Yo seré quien te enseñaré a serlo, desde ahora empieza tu entrenamiento. En este mundo no tendrás que dormir, no recargamos energía de esa manera, prepárate que te voy a enseñar.
Yo estaba ya resignada a que no volvería a vivir en mi vida anterior, así que le obedecía en todo lo que me ensañaba. Mi entrenamiento consistía en hacer miserables a las personas que llegaban a este mundo, era un mundo triste y las personas debían serlo, en algunas ocasiones tenía que ir con él a mi antiguo mundo, lo cual me generaba gran felicidad y emoción pues recordaba lo buena que fue mi vida en el pasado, él iba a atormentar a las personas y robaba energía, por así decirlo, me enseño cómo hacerlo, pues era de vital importancia, ya que esa energía era lo que mantenía el mundo de las sombras. En ese momento fue cuando pensé, que tal si se acaba la energía de este mundo de sombras, que tal si se acaba este mundo y tal vez pueda volver a mi antigua vida, antes de todo este desastre, fue entonces que idee un plan.
Fui la mejor aprendiz, siempre estuve atenta de no cometer errores y aprender todo lo que aquel hombre me enseñaba. Era buen profesor y yo una excelente alumna, entonces puse mi plan en marcha, debía robar toda la energía del mundo de las sombras para poder volver a mi mundo y finalmente ese horrible mundo al que me había arrastrado desaparecería, pero debía tener mucho cuidado de que no notaran lo que estaba haciendo y de estar en mi mundo cuando el de las sombras este desapareciendo porque podría desaparecer con él.
Pasó el tiempo y entre más tiempo pasaba con el hombre de las sombras, en el mundo de las sombras, menos recordaba mi mundo anterior, ya casi no lo acompañaba a mi mundo, así que me iba acostumbrando a esta nueva vida y hasta le estaba tomando afecto, los recuerdos de todo lo que amaba de mi mundo se fueron desvaneciendo al igual que mis planes de volver a él.
Con el pasar de los días, estar tanto tiempo junto a el hombre de las sombras, pasé de ver a ese ser el temible que me llevo a la fuerza a ver un ser admirable por su gran fuerza y determinación, le di la oportunidad de conocer su aparente maldad, sus ojos que tanto temor me generaban, ahora me daban calma, calidez y afecto, hasta su marca en el rostro se veía más atractiva, ya no me generaba frío ni temor, ya no me paralizaba, ahora todo se sentía diferente, no sé si era porque estaba resignada a estar con él por siempre o si ya no era resignación lo que hacia él sentía, tal vez me estaba enamorando de su rudeza y su maldad. Cada día que pasaba mas afecto le tomada tanto a la vida en ese mundo como al hombre que me llevó a él, estaba confundida o tal vez eso quería pensar.
Un día el hombre, sin ninguna explicación, se acercó, me miró de nuevo con sus brillantes ojos color bronce, y me dijo:
- Agatha, mi intuición y sabiduría están por encima de cualquier cosa que hayas imaginado y sé que tienes sentimientos por mí, sé que te sientes confundida, pero te diré una cosa. La verdadera razón de traerte conmigo, no era simplemente porque me pertenecieras, es porque te he amado desde antes de que llegaras, has sido siempre la que he esperado por tanto tiempo. Solo tu puedes ser la mujer de las sombras, y la que esté a mi lado.
Estaba asombrada con semejante discurso, no sabía que decir, así que no dije nada y me fui. Debía pensar bien las cosas, no dejarme llevar por los sentimientos, pensar con cabeza fría y tomar una decisión respecto a lo que el hombre me había dicho.
Después de analizar bien las cosas, las palabras, los hechos, lo vivido en el mundo de las sombras; llegué a la conclusión de que no quería irme, si así fuese desde hace mucho tiempo, cuando aprendí las habilidades de las sombras, hubiese llevado a cabo mi plan y hubiese vuelto a mi antigua vida, pero no lo hice y la razón que halle se resumía en él. Definitivamente me había enamorado del hombre que tanto temor me causó alguna vez. Corrí de vuelta a la casa con todo el entusiasmo y valentía para decirle la buenas nuevas, pero cuando llegué solamente encontré una nota que decía:
"Eres libre al igual que yo, gracias por amarme"
Empecé a buscarlo por todas partes, sin tener éxito. Me sentía muy triste porque no pude decirle lo que sentía en ese momento. De repente me empecé a sentir un poco extraña, comencé a ver colores que en el mundo de las sombras no se veían, la habitación de las sombras ahora era la habitación de mi casa, de mi vida anterior, al parecer había vuelto a mi mundo, todo había desaparecido, salvo la nota en mi mano, que siempre tuvo color.
Pasaron los días, todo volvió a la normalidad. Había pasado tan solo un día en mi mundo, lo que parecía décadas en el mundo de las sombras. Volvía a mi antigua vida cuando ya no la quería de vuelta, de nuevo tuve que resignarme a vivir en esta vida, pues las habilidades que había aprendido en el mundo de las sombras ya no funcionaban en este mundo y ya no podía volver al mundo de las sombras, ya no podía volver a ver a aquel hombre que ahora me parecía tan hermoso y perfecto.
Un día, me encontraba caminando por el bosque, tomando aire fresco, disfrutando la naturaleza, pensando en qué sucedió con ese hombre y si algún día lo volvería a ver, cuando de repente me dijeron:
- Agatha, buena, virtuosa y bondadosa, te estaba esperando. Mi nombre es Hugo.
Me parecía mucho a la voz del hombre de las sombras, pero pensé que era imposible, pero me pareció curioso que dijera el significado de mi nombre, así que respondí con el significado del suyo:
- Corazón, mente y espíritu. Dije. Voltee a ver y era él, era el hombre de las sombras. Exactamente igual, vestido de traje, con sus hermosos ojos amarillos, brillantes y mirada fulminante, ahora cálida, su elegancia que lo caracteriza y su sombrero que no podía faltar.
- Me has salvado del mundo de las sombras, tu amor nos trajo aquí, por eso aun tienes esa carta, por tu amor nos hemos encontrado de nuevo, ahora somos libres, seamos libres juntos.
Corrí de inmediato y lo abracé con todas mis fuerzas y sentí que era una nueva vida, ni de sombra ni de color, una vida nuestra.

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